Exámenes + estrés: esa historia que todos hemos vivido

Me acuerdo perfectamente de una tarde antes de exámenes. Tenía los apuntes abiertos delante, el móvil al lado, y la sensación de que no iba a llegar a todo. Miraba el índice del tema, luego el reloj, luego otra vez el tema… y nada. No avanzaba. Solo pensaba: “voy tarde”, “no me da tiempo”, “la voy a liar”. Y cuanto más lo pensaba, peor. Si te suena esta escena, no eres el único. Es prácticamente un clásico. 

Al principio crees que el problema es que hay demasiado que estudiar. Pero con el tiempo te das cuenta de que no es solo eso. Es el agobio. Es esa presión constante que te bloquea incluso antes de empezar. A mí me pasaba mucho. Perdía más tiempo preocupado que estudiando. Hubo un momento en el que me di cuenta de algo bastante simple: no necesitaba tenerlo todo bajo control para empezar. 

Ese día no hice un horario perfecto ni organicé toda la semana. Solo empecé por una parte del tema. Una. Sin pensar demasiado. Y, sorprendentemente, funcionó. No fue mágico. No pasé de agobio total a productividad máxima. Pero dejé de estar bloqueado, que ya era mucho. A partir de ahí fui cambiando pequeñas cosas. Dejé de intentar estudiar horas infinitas sin parar, porque no me servía de nada. Empecé a hacer pausas sin sentir que estaba perdiendo el tiempo. Y, sobre todo, aprendí a levantarme cuando mi cabeza ya no daba más, en lugar de quedarme ahí frustrado. También empecé a dormir mejor. No siempre, pero lo intentaba. 

Porque sí, estudiar hasta las 3 de la mañana suena muy productivo… hasta que al día siguiente no te enteras de nada. Pero el cambio más grande no fue ese. Fue dejar de machacarme con lo que no sabía. Antes era todo: 

“no me sé esto”, “voy fatal”, “no llego”. 

Y claro, así es imposible avanzar. Cuando empecé a pensar algo más tipo: “vale, no me lo sé todo, pero algo sí”, la cosa cambió. No porque el examen fuera más fácil, sino porque yo dejé de hacerlo más difícil en mi cabeza. 

Eso no quita que haya días malos. Días en los que te sientas y no te concentras. En los que te agobias sin saber muy bien por qué. Y en esos momentos, lo mejor que puedes hacer no es apretar más. Es parar un momento, respirar, y volver a empezar más tranquilo. Si estás en época de exámenes ahora mismo, quédate con esto: no necesitas hacerlo perfecto. De verdad. Solo necesitas empezar, aunque sea poco. Y seguir, aunque no sea a tu mejor ritmo. 

Porque al final, los exámenes pasan. Siempre pasan. Y muchas veces, salen mejor de lo que pensabas cuando estabas ahí, mirando los apuntes sin saber por dónde empezar

Comentarios